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LEÓN BENAVENTE + EGON SODA

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 04 oct 2014  |   20:00
ANTICIPADA 12€ + gastos
Curt-Circuit (ASACC)

LEÓN BENAVENTE – JUNIO 2013

Por Nacho Vegas

En marzo de 2012, a Luis Rodríguez le dejó tirado el coche cuando bajaba a Madrid desde Asturias. Era la enésima vez que hacía ese recorrido desde que se trasladara de Oviedo a la capital, un camino que los que vivimos por aquí arriba nos conocemos demasiado bien: subir y bajar el Huerna, la Ruta de la Plata, la Carretera de La Coruña. En mitad de aquello se quedó Luis, parado en la autovía dentro un Opel Corsa con más 300.000 kilómetros a sus espaldas y cargado con un bajo, un amplificador y una maleta de viaje. En el tramo que une León con Benavente, que es como decir en medio de ninguna parte, porque si miras a uno y otro lado del asfalto lo que ves es un páramo enorme. Mientras esperaba a que llegara la grúa, Luis llamó a Abraham Boba, vecino suyo en el madrileño barrio de Conde Duque. Hacía apenas un año que Abraham había publicado su álbum Los días desierto. Luis le habló de escribir canciones juntos.

Boba refunfuñó primero, se rió entre dientes después y le dijo: "pero nada de canciones de amor, ya no más". Quedaron en verse en cuanto Luis llegara. Por aquel entonces César Verdú estaba en Murcia peleándose con las mezclas finales de Alquimística, el disco de Schwarz que vería la luz unos meses más tarde. Fue el segundo en recibir la llamada desde la nada. César sería el baterista, pero también algo más: un director de sonido. Y Luis dejó para el final a Edu Baos, que se encontraba ensayando en Zaragoza algunos temas que formarían parte de El amor y las mayorías, el álbum de Tachenko que acaba de salir a la venta hace unos días en el momento en el que se redactan estas líneas. Aunque tendría el año ocupado con ese disco, todos sabían que más que contingente, Edu era necesario para el proyecto y enseguida se unió a la banda. Un alleranu, un vigués, un murciano y un maño. Suena a chiste pero es cosa seria. Todos nacidos a mediados de los setenta, trovadores y nómadas, dándose cita en medio de ninguna parte.

Venían de sitios distintos y cada uno había transitado sus propios caminos por el krautrock, el pop psicodélico, el rock de autor o el folk, pero tenían que acabar confluyendo en un punto aún por definir. Aunque nadie lo sabía, en ese momento se estaba desplazando el centro de la península, o mejor dicho, se estaba gestando un nuevo estado, que era él mismo todo centro y todo periferia: León Benavente.

 

¡Cuánto queda fuera al hacer un disco! En el caso de El hambre, el enfado y la respuesta quedan tres años de hacer canciones sin saber muy bien si éramos un grupo ya o no, de traslados de huida y regreso a nuestra ciudad, de ser casi un chiste para otros músicos (¿cómo conseguís llevar todo el estrés de tanto bolo?) o una deuda constante (No. De momento no hacemos nada...) y de reencontrarnos queriéndonos tanto como siempre. Esto es lo más grande que nos haya ocurrido. Mucho de lo que pasó entre EgonSoda y El difícil segundo disco de Egon Soda no está en este disco pero lo marcó definitivamente. Aprendimos mucho. Como instrumentistas individuales. Como banda. Decidimos hacerlo rápido y en directo aun sin tener un contrato ni una idea clara de qué hacer con el resultado. Pero necesitábamos hacer música juntos de nuevo. Entre el primer tema compuesto Siempre hay alguien en el bosque y el último Cartílago y Ángel pasaron 25 meses. Pero se quedaron en mi nevera hasta que decidí bombardear al resto de Egon. El tema que más veces tocamos antes de entrar en el estudio lo ensayamos 4 veces. La mayoría de ellos los tocamos un par. Y luego nos fuimos a La Casa Murada y montamos una juerga de una semana en la que quisimos estrujar al máximo nuestra química al tocar juntos. Dejando que pasaran cosas...esos momentos espontáneos que por mucho que produzcas jamás los podrás emular. En esos momentos salían los tres años de rabia, de hambre de música y en estos 20 temas está la respuesta a nuestras dudas.

No es un álbum conceptual. Los temas hablan de amor, de política, de Pier Paolo Pasolini, del paso del tiempo y de todo lo que se me ocurrió o me pareció necesario decir. Tiene 20 temas pero podría haber tenido 10 o 30. Eran todos los temas que había compuesto. Y todos nos funcionaron. Ni falta hace decir que con Ricky, Mole y Pablo es difícil que algo no ande. Pero además la grabación fue un gustazo. Nuestros amigos, nuestras familias. Jordi Colomer, que jamás nos abandonó ni al querer repetir por vigésima vez un toma porque "podemos hacerlo mejor". Rodeados de un cariño tan intenso, todos los temas quedaron teñidos de ese calor de hogar. Y además apareció Charlie Bautista que parecía que lo hubieran hecho a nuestro antojo. En dos minutos ya era uno más de la familia y daba la sensación que hubiera tocado con nosotros desde siempre. Jamás ensayó un tema ni preguntó por un solo acorde o nota. Lo juro.

Para todos los que conozcan el primer disco, seguro que El hambre, el enfado y la respuesta será una sorpresa. Espero que agradable. Es, sin duda, un disco más americano y rock porque eso es lo que hemos estado escuchando más este tiempo. Y con solos de guitarra. No muchos. Pero bastantes. También es disco con muchos más matices que nuestro debut; tiene un tango, un paso de semana santa y algún aire a Triana. Quisimos perder un poco el miedo a hacer algo que no encajara. Tocáramos lo que tocáramos sonaba a Egon Soda. Para bien y para mal. En uno de los pocos ensayos Suso Sáez nos soltó "¡Joder, en qué sitio más raro estáis!". Al momento me preocupó, ahora me lo tomo como un piropo. Y más viniendo de él.

Al ser un disco tocado eminentemente en directo -salvo las voces, los vientos y algunos, pocos, overdubs- sólo adquirirá pleno sentido cuando lo llevemos al escenario. Pero precisamente por eso es mucho más fácil de interpretar que el primero. Con más aire, con más libertad. De repente tenemos mucho repertorio y podemos amoldarlo al carácter de cada local. Iremos Ricky, Mole, Pablo y yo y siempre que se pueda Charlie Bautista y Ricki Lavado. Y algún invitado, que por amigos no será. 

Una vez acabada la grabación, que necesitó de 4 días más en inverno, pensamos en empezar a moverlo. Por suerte Ricky ya había tenido contactos con Naïve y en todo momento se mostraron interesados en escucharlo.

Sabemos que escuchar este disco precisa de tiempo. Pero esperamos que todo el cariño y la intensidad que transpira nos haga ganar ese plus de atención por parte del oyente. Es también una reivindicación del disco como conjunto, como tiempo duradero de entretenimiento y sentimiento en un momento en el que o no hay nada que merezca 5 minutos de escucha o nadie parece dispuesto a invertirlos.

El hambre, el enfado y la respuesta son 1,3 horas de puro sentir sin trampa ni cartón que quiere convertirse en una tarde, una mañana o una noche dedicados al noble vicio de escuchar.

No es ni un sermón ni una broma. Es todo lo contrario.

Ferran Pontón (guitarrista de Egon Soda)





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