“Living things” es sin duda alguna el trabajo más orgánico en todos los sentidos de Mathew Sweet, desde su concepción y forma de grabación, hasta la temática de sus letras. Es un disco alejado de convencionalismos y un regreso a los postulados más íntimos del artista desde la época de “Altered beast”, pero mientras éste trataba sobre de la muerte, “Living things” es una celebración de la vida y de la libertad.
Todo el material que compone esta obra fue concebido y escrito de una manera muy espontánea, de hecho, las ideas surgieron en la cabeza de Matthew Sweet en lo que él describe como una “inmediata explosión” de inspiración durante las tardes que pasó recluido en un rancho de Santa Ynez, en California, mientras preparaba nuevo material para su otra banda, The Thorns. Con las canciones prácticamente terminadas y desarrolladas en su cabeza, aprovechó los tiempos muertos entre grabaciones, saliendo a pasear por el campo y sentándose a la sombra de un árbol para completar las letras. En menos de tres días, tenia terminado todo el material que compondría este nuevo trabajo.
De vuelta en Los Angeles, comenzó la fase de grabación, un proceso nada convencional y que a la par hacía prevalecer la frescura e inmediatez de las canciones. Se grabaron todas las bases en una sola toma, a lo sumo, dos, para conseguir que se captara toda la magia del momento, sin utilizar prácticamente “overdubs” y manteniendo inalterable el esqueleto primigenio de los temas. Es precisamente ese “todo puede suceder” lo que hace de “Living things” un álbum que al escucharlo, el oyente experimenta toda una catarata de buenas vibraciones, tan inesperadas como inolvidables.